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ADN 10.03.2010 Las mujeres son las grandes consumidoras de psicofármacos. Representan hasta siete de cada 10 usuarios de antidepresivos, tranquilizantes y somníferos en España. ¿Sufren ellas de una peor salud mental? El desfase puede explicarse porque ellas acuden antes a la consulta y se explican mostrando sus emociones. Los expertos alertan de un exceso de recetas del que las mujeres son las principales víctimas.
Más presión, más exigencia y mayor ingesta de psicofármacos. Las mujeres son las grandes consumidoras de estos medicamentos: ellas representan el 70% de las personas que los toman en España. Se calcula que hay un millón de consumidores habituales, y que entre el 10 y el 20% de la población lo hace de forma esporádica. Pero, ¿a qué se debe esta desigualdad en el consumo de ansiolíticos, somníferos o antidepresivos? La respuesta está en la biología, pero también en las diferencias y roles de género. "Todos los estudios de prevalencia demuestran que los cuadros afectivos o depresivos son más frecuentes en las mujeres", apunta Isabel Montero, profesora de Psiquiatría de la Universidad de Valencia. Y esto puede responder a que ellas están "expuestas a factores de riesgo superiores: desigualdades varias, como económicas, educativas, laborales...". ¿Hacia la igualdad? Además de "asumir más roles", las mujeres tienden a ser "más exigentes", agrega la doctora María Jesús Cerecedo, coordinadora del grupo de salud mental de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), convencida de que "el hombre tiene más elementos de escape ante el estrés". Capítulo aparte es la violencia ala que algunas mujeres están ex- puestas, que radicaliza esta peor salud femenina. Las agresiones "tienen gran impacto en la salud física y sobre todo psicológica de la víctima", destaca Montero. Todo esto invita a pensar que si se alcanzase una igualdad social real entre géneros estas diferencias -en la salud y en el propio consumo farmacológico- desaparecerían. Aún así, realmente no está claro si hay más prevalencia de estos trastornos en las mujeres o sencillamente se diagnostican más. "En muchos casos, las creencias asociadas a la debilidad femenina generan una paradoja que produce una minusvaloración de sus malestares", señala Eugenia Gil, profesora de la Escuela Universitaria Ciencias de la Salud e investigadora del Grupo Estudios de las Mujeres. E insiste en que hay "una patologización de las conductas [femeninas] que son tratadas con psicofármacos consiguiendo así acallar estos malestares, que son fruto de sus condiciones sociales". La forma en que se relatan las dolencias, los síntomas, es también muy distinta en función del género. Otra explicación de por qué se diagnostican más trastornos emocionales en féminas. En la consulta, "la mujer cuenta lo que le pasa desde la tristeza y el llanto, y muestra sus emociones", explica la doctora Cerecedo. Esto, agrega Gil, "produce un sobre-diagnóstico" femenino. En cambio, el hombre "lo hace desde la inquietud, no llora y se pone irascible, con lo que el médico es más reticente a la medicalización", agrega Cerecedo. Además, ellas suelen pedir ayuda mucho antes. Se trata, pues, de "una cuestión cultural". También tiene algo de cultural el hecho de que hasta no ha ce muchos años en los ensayos clínicos no había espacio para las mujeres, según denuncian algunas expertas. "Hay un vacío científico por lo que respeta a las mujeres. Falta visibilidad", lamenta la doctora Carme Valls-Llobet, autora del libro Mujeres, salud y poder. "Nosotras no hemos sido sujetos de investigación a pesar de ser mayoría en la población y, sin embargo, las conclusiones obtenidas se generalizan olvidando que la mitad hemos quedado fuera; pero afortunadamente esto se está modificando", recalca Gil. Un futuro distinto Y no es lo único que puede cambiar. La mayoría de expertos están convencidos de que este consumo -más o menos- común de psicofármacos por parte de las mujeres tiene solución. "Es fundamental aplicar medidas políticas hacia la disminución de las desigualdades", dice Montero. Y se debe incorporar "una docencia específica a los futuros médicos en torno a la diferencia de género", para que entiendan que la búsqueda de ayuda, las quejas y los análisis son distintos dependiendo del sexo, recalca la doctora Valls-Llobet. Esta perspectiva de género también debería existir en la investigación, para que siempre "se contemple la variable hombres y mujeres". Y, ante todo, sentencia la médica, "no caer en el rol de víctimas, sino utilizar la capacidad que tenemos de cambiar". EL APUNTE Aumentan las consultas a causa de la crisis La Organización Mundial de la Salud ha advertido que la crisis económica puede provocar más estrés, depresión y otros desórdenes mentales. Algo que los especialistas ya han notado: las consultas por problemas de salud mental han aumentado, señalan desde la semFYC. Y si esto se prolonga, dicen, "será necesario reforzar el nivel de tolerancia a la frustración". ¿QUÉ ES QUÉ? Ansiolíticos Estos tranquilizantes son fármacos que pretenden disminuir los efectos de la angustia o de la ansiedad -un sentimiento de miedo, temor, aprensión e incertidumbre sin una causa justificada-. Los especialistas recuerdan que siempre deben ser prescritos por un profesional. Antidepresivos Estos psicofármacos se emplean para tratar las depresiones -diagnosticadas por un médico-y no para dificultades o problemas puntuales. Sus efectos terapéuticos estarían relacionados con una actividad sobre los neurotransmisores. Benzodiacepinas Se trata de medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central, y tienen efectos sedantes, hipnóticos y relajantes musculares. Están íntimamente relacionados con el estrés psíquico y social. Su consumo en España "es elevado, con un incremento interanual aproximado de un 7%", según la semFYC. Entre las benzodiacepinas más consumidas están el Lorazepam, el Alprazolam y el Diazepam. Neurolépticos Tienen efectos sobre el sistema dopaminérgico, que participa en la regulación de la vida emocional y en el control de la motivación, la modulación de la percepción y la organización de los comportamientos adaptativos. La psicosis, afectada porto-dos estos campos, es la primera indicación del uso de los neurolépticos. EL PELIGROSO HÁBITO DE MEDICALIZAR TODOS LOS PROBLEMAS DE LA VIDA Se toman pocas tilas y demasiadas pastillas. La medicalización de los problemas de la vida es algo cada vez más común: "Se usan fármacos para tratar el resfriado, la calvicie, la obesidad; y en el caso de las mujeres aún se abusa más: contra el envejecimiento, para la belleza... Somos víctimas de la medicalización en exceso", lamenta la profesora Isabel Montero. En 2008, en España se consumieron 47 millones de ansiolíticos y unos 28,5 millones de antidepresivos, cifras que superan en seis y cinco millones respectivamente los datos del año anterior, según el Ministerio de Sanidad y Consumo. Los psicofármacos se usan porque funcionan, consiguen tranquilizar a las personas que los consumen", pero "es una situación de calma temporal, ya que las condiciones sociales y estructurales que propician el malestar no se abordan", asegura Eugenia Gil. "Es más fácil dar medicamentos sedantes que detectar qué pasa", añade la doctora Carme Valls-Llobet. Y es que "la pastilla actúa rápidamente. Cada vez se toleran menos las situaciones de la vida", agrega Montero. En una situación difícil, "una ruptura, la pérdida de un ser querido", "lo normal y lo saludable es sufrir, que duela, que se llore; se necesita un tiempo para ese duelo", insiste la doctora María Jesús Cerecedo. "El problema llega cuando ese dolor se patologiza y se farmacologiza, y se quiere evitar el sufrimiento. Los fármacos tienen su lugar, y están tomando espacios que no les corresponden", añade. Los expertos apuntan a que, el consumo de psicofármacos puede no ser siempre correcto. Ha llegado un punto en que tomarse un "Trankimazin, un Valium o un Orfidal es normal". Ahí aparece un gran peligro: el del mal uso y el del abuso. Un consumo "a largo plazo no está exento de riesgos y no siempre está justificado", recalcan desde la semFYC. Uno de ellos, crear cierta dependencia. Síndrome de abstinencia "No es algo común en todos los psicofármacos", apunta Montero, quien destaca que "los que más dependencia suelen crear son los ansiolíticos, si se toman a dosis altas durante mucho tiempo". En este caso, dicen desde semFYC, "si se interrumpe su consumo de forma brusca pueden provocar problemas y malestar al paciente, apareciendo síntomas propios de un síndrome de abstinencia".
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