Observatorio de Desigualdades en la Salud

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Sacyl atiende ahora a 18 veces más inmigrantes sin recursos que en 2001 PDF Imprimir E-mail

nortecastilla.es 06.04.2011

El derecho a la asistencia es un hecho en España como en ningún país. La legislación lo protege y el interés sanitario, en cuanto a garantías de salud pública, lo cumple rigurosamente. Así todo extranjero que llegue al país tiene derecho a asistencia sanitaria. En el caso de los que tienen trabajo o llegan de forma temporal o por turismo, la reciben con la tarjeta europea o convenios internacionales que garantizan la asistencia y amparan a los de fuera de la UE. En el caso de los inmigrantes sin recursos tan solamente hace falta una documentación de identidad como el pasaporte y el empadronamiento; además de una autorización -solicitud facilitada por Sacyl- para recabar datos tributarios y evitar así fraudes.

En 2001, el todavía Insalud apenas había expedido 438 tarjetas sanitarias. Tan solo un ejercicio más tarde, el número crecía a 2.307 y, en la actualidad, pese a un ligero descenso provocado por la crisis que ha potenciado los retornos y limitado las llegadas, hay 8.087 inmigrantes sin recursos, de un total de 28.434 extranjeros que viven en la provincia, con tarjeta sanitaria de Sacyl y acceso, por lo tanto, a todos los servicios asistenciales de Primaria y Especializada. En la comunidad son 23.316 que suponen el 16,3% del número total de extranjeros.
Sin embargo, y en contra de temores extendidos pero poco fundados, esta población apenas aporta 'nuevas' patologías dado que padecen el mismo tipo de enfermedades que la población general, aunque frecuentan mucho más la consulta médica y es el factor de la pobreza el que determina que figuren en mayor proporción en enfermedades muy ligadas a la clase social baja como la tuberculosis, la hepatitis, el sida o las patologías de transmisión sexual, según los datos facilitados por la Gerencia del Área Este de Salud que es la que más inmigrantes sin recursos registra, unos mil más. Y es que mientras los españoles sin recursos representan el 0,8% de la población, el inmigrante sin ingresos supone el 26%, según datos del citado departamento.
Soportan además estos inmigrantes llamados 'sin papeles' mayor prevalencia de dolencias generadas por problemas de adaptación como ansiedad, depresión o estrés y somatizan estos sentimientos hasta llegar a provocarse patologías como problemas estomacales, incluso úlceras o cefaleas, según relatan fuentes asistenciales.
Son sobre todo los centros de salud los que más se enfrentan a las dificultades de idioma, culturales o de desarraigo de esta población; en particular, cuando no son de habla hispana. La llegada de un nuevo extranjero a la consulta de escasos medios económicos y sociales impulsa todo un protocolo de actuación médica para «ponerlos al día» y después hacer el seguimiento normal. Así, la cartilla de vacunación en los niños es de lo primero que mira el pediatra junto a una valoración general de su estado. «Intenta recabar toda la información posible porque raramente traen documentación sanitaria al respecto, como no suele ser fiable, el profesional tiende a optar por medidas correctoras según edades, ponderando la relación riesgo-beneficio y revacunando si es preciso». En los adultos, en general, no se vuelve a poner dosis de inmunización.
Peculiaridades
En cuanto a las dificultades, los médicos apuntan a que son, sobre todo, culturales más de que idioma, y que, en general, «sí registramos una frecuentación mucho mayor, más exigencia en la demanda, reclaman mucho más la atención o la realización de pruebas, son mucho más exigentes que los españoles, tal vez porque teman que, al ser inmigrantes, se les vaya a atender menos o peor», coinciden en señalar fuentes sanitarias.
En cuanto a peculiaridades por su cultura, las mujeres árabes exigen que el médico sea mujer, «a ellos les da igual, tienen menos pudor». «Siempre que se puede se facilita, pero en algunos pueblos no es posible, entonces requieren que en la exploración esté presente un familiar». Otro problema registrado es la negativa de las mujeres africanas a usar el preservativo, «son muy reacias y esto dificulta la protección hacia las enfermedades sexuales y la planificación familiar». Las sudamericanas son, por otra parte, las que más abortos sufren, tres y hasta cuatro, es una cuestión cultural en la que trabajamos, pero cuesta convencerlas de que no es un método anticonceptivo».
Nota: autoría Ana Santiago