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Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía 05.09.2011 La preocupación de los ciudadanos por la influencia del medio ambiente en su salud ha ido en aumento, demandándose todo tipo de actuaciones correctoras y preventivas por parte de las Administraciones. Las cuestiones medioambientales que más preocupan son el cambio climático, la contaminación del agua y del aire o la peligrosidad de los productos químicos que habitualmente utilizamos. La conexión entre el uso de un edificio como lugar de trabajo o vivienda y la aparición, en algunos casos, de molestias y síntomas es un hecho incuestionable. La principal responsable es la contaminación presente en el edificio, que suele denominarse “mala calidad del aire interior” y los efectos adversos pueden afectar a muchas personas, ya que se estima que los habitantes de las ciudades pasan entre el 80% y 90% de su tiempo en ambientes interiores, contaminados en mayor o menor grado.El término “aire interior” suele aplicarse a ambientes de interior no industriales: edificios de oficinas, edificios públicos como colegios, hospitales, centros de ocio, etc, y a viviendas particulares. La calidad del aire interior comenzó a considerarse un problema en los años 60, aunque los primeros estudios no se llevaron a cabo hasta una década después. El problema se ha visto agravado por la construcción de edificios diseñados para minimizar las pérdidas energéticas, volviéndose cada vez más herméticos y reciclándose en menor proporción el aire fresco procedente del exterior. La utilización de nuevos materiales de construcción y mobiliario también contribuyen al deterioro de la calidad del aire. Cuando más del 20% de los ocupantes de un edificio presentan síntomas claros, se puede afirmar que existe el fenómeno conocido como “Síndrome del Edificio Enfermo”, que se asocia a interiores no industriales. Los cambios en el estado de salud de una persona debidos a la mala calidad del aire interior pueden manifestarse mediante diversos síntomas tanto agudos como crónicos, y en algunas ocasiones derivar en enfermedades. Al no presentar una sintomatología severa y no ocasionar un exceso de bajas por enfermedad, se tiende a minimizar sus efectos. Sin embargo, suelen derivar en situaciones generales de disconfort que repercuten en la salud física y mental del trabajador y provocan una disminución del rendimiento laboral. Debemos tener en cuenta que los contaminantes presentes en el aire interior penetran en el organismo por inhalación y por tanto, afectan inicialmente al tracto respiratorio provocando irritación de nariz, garganta y bronquios, con posibilidad de provocar cambios en la reactividad bronquial, o liberación de un mediador inducida por alérgenos que conducen a la aparición de rinitis, asma o neumonitis hipersensitivas. También puede haber contaminantes que provoquen irritación en los ojos o que generen problemas dérmicos como erupciones, piel seca y picores. Otros síntomas son dolor de cabeza, mareos, náuseas, fatiga. Sin olvidar los contaminantes microbianos que pueden producir enfermedades infecciosas o alérgicas. ¿Pero qué tipo de contaminantes encontramos mayoritariamente en los ambientes interiores y cuáles son sus fuentes de contaminación?. Pueden presentarse contaminantes de tipo químico y biológico. Los principales contaminantes químicos son el dióxido y monóxido de carbono, humo de tabaco, compuestos orgánicos (formaldehído, benceno, tolueno,…), dióxido de azufre, partículas respirables, fibras, ozono, gas radón. En cuanto a los contaminantes biológicos, encontramos agentes infecciosos (bacterias, virus, hongos,…), antígenos, toxinas, detritus (partículas finas de piel, pelo y plumas, saliva y orina desecadas), ácaros, insectos o polen. Un grupo importante de contaminantes tienen como fuente el propio edificio: los materiales de construcción y el mobiliario pueden generar compuestos orgánicos volátiles como el formaldehído y otros como fibras o asbestos; los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado debido a un diseño y/o mantenimiento inadecuado. La ubicación de éste juega un importante papel, pues el aire procedente del exterior puede ser también fuente de contaminación. Otro grupo de contaminantes tiene su origen en las combustiones que se producen en el interior o en el uso de productos de limpieza, control de plagas, mantenimiento y embellecimiento. Por último, los ocupantes del edificio son en sí una fuente de contaminantes. Entre los factores que afectan a la calidad del aire, podemos señalar una ventilación inadecuada debida a un suministro insuficiente de aire fresco, una mala distribución del aire o una incorrecta filtración del aire; la humedad relativa; la temperatura; la ubicación del edificio y las actividades industriales que se realizan a su alrededor; y las actividades que se llevan a cabo en el interior del propio edificio. Hasta la fecha no hay una legislación específica sobre Calidad del aire interior. En España, encontramos normas relacionadas con la calidad del aire interior como pueden ser las que establecen los criterios higiénico-sanitarios para la prevención y control de la legionelosis o el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) o las limitaciones a la comercialización y al uso de ciertas sustancias y preparados peligrosos. También tenemos la colección de Notas Técnicas de Prevención editadas por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, que pretenden ayudar al cumplimiento de la legislación pero sin ser vinculantes. Constituyen manuales de consulta, y algunos son específicos en el tema del aire interior (NTP-243. Ambientes cerrados: calidad del aire, por poner un ejemplo). En 2010, la OMS publicó una Guía de Calidad de Aire Interior para una serie de contaminantes (benceno, monóxido de carbono, formaldehído, naftaleno, dióxido de nitrógeno, hidrocarburos aromáticos policíclicos, radón, tricloroetileno y tetracloroetileno). La razón principal es proveer de información uniforme para la protección de la salud frente a los efectos adversos de la exposición a contaminantes en ambientes interiores y eliminar o reducir al mínimo la exposición a esos contaminantes que se sabe que son perjudiciales para la salud. Por lo tanto, la guía va dirigida a los profesionales de la Salud Pública y a las Autoridades para que tomen las medidas necesarias para prever los efectos que sobre la salud puede tener dicha contaminación e introducir las medidas adecuadas para reducir los riesgos. Se nombra a las autoridades encargadas de establecer las normas referentes al diseño y uso de edificios, materiales de interior y productos como parte importante a la hora de adoptar medidas. Debemos destacar algunas iniciativas europeas tanto en esta materia como en ambiente exterior:
Así como otros programas y proyectos a nivel mundial, tanto públicos como privados:
Ya en nuestro entorno más cercano, la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, ha incluido la Calidad de Aire Interior como área temática dentro del Plan Andaluz de Salud Ambiental 2008-2012, con el objetivo de prevenir las enfermedades alérgicas y respiratorias relacionadas con la calidad del aire interior de los edificios. Para ello, se están llevando a cabo una serie de acciones encaminadas a mejorar el conocimiento sobre la exposición a contaminantes de ambientes interiores y su impacto en la salud, y a proporcionar información y recomendaciones a la población sobre los factores que pueden afectar a dicha calidad de aire interior. Bibliografía: 1. Consejería de Salud Consejería de Medio ambiente Junta de Andalucía. Plan Andaluz de Salud ambiental 2008-2012. 2. Observatorio de Salud y Medioambiente de Andalucía. Escuela Andaluza de Salud Pública. Calidad de Aire Interior. 2011. 3. Guardino Solá, X. Calidad del aire interior. Enciclopedia de Salud y Seguridad en el trabajo. 4. World Health Organization. WHO Guidelines for Indoor Air Quality. 2010. 5. NTP 243: Ambientes cerrados: calidad del aire. Ministerio de trabajo y asuntos sociales de España. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Nota: Autoría Patricia Mª Armario Ibáñez. Licenciada en Farmacia.Cuerpo Superior Facultativo IISS A-4. Desde mayo de 2010 coordina el grupo de trabajo sobre calidad de aire interior, encuadrado en el Plan Andaluz de Salud Ambiental 2008-2012.
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